Hogar Seguro: Cómo proteger a tus hijos en cada fase de su desarrollo

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¿Cómo brindarles un espacio seguro a mis hijos de acuerdo a su edad?

Cuando llegan los hijos al hogar debemos comenzar a repensar nuestros espacios buscando que sean aptos para la presencia de estos nuevos integrantes de la familia, esos curiosos y pequeños seres humanos.

A lo largo de nuestra vida tenemos unas etapas de desarrollo, por lo que en cada una de ellas aparecen diferentes necesidades y se descubren nuevas capacidades que significan un reto para convertir nuestra casa en un hogar seguro para niños en crecimiento.

Así, es durante los primeros meses de vida cuando los niños experimentan más cambios, sobre todo a nivel psicomotor. Durante sus tres primeros meses el bebé tiene plena dependencia de los padres, dado que los necesita para suplir sus necesidades básicas y comenzar a descubrir el mundo que les rodea. 

Sin embargo, a partir de los tres meses comienza su maratón de aprendizaje. Por ejemplo, el bebé empieza a interactuar con las personas que lo rodean a través de sonrisas, sacando la lengua o pidiendo con los brazos que lo levanten. También es capaz de mantenerse sentado con apoyo.

En la etapa de los seis a los doce meses comienza el descubrimiento. El bebé empieza a gatear y, a medida que se acerca al año de edad, será capaz de sostenerse de pie e incluso dar unos pasos. Así aumenta su independencia y la curiosidad por explorarlo todo. 

Por su parte, los niños entre dos y cuatro años tienen un gran desarrollo social y cognitivo, pues interactúan más con otros niños y descubren el campo artístico haciendo pinturas y realizando diferentes manualidades. También son capaces de formar frases, expresar lo que quieren y caminar firmemente.

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Medidas de seguridad 

Durante estas etapas aparecen mayores riesgos que se deben tener en cuenta, por lo que hay que preparar la casa para poder evitar accidentes. Ahí entra Hogar Seguro, desde donde te damos algunas recomendaciones que puedes aplicar: 

– Cubrir todos los enchufes de la casa, sobre todo los que están al alcance de los pequeños, para impedir que metan sus dedos u objetos. 

– No permitir que el niño entre en la cocina mientras se tengan elementos en el fuego.

– No dejar al alcance de los menores objetos con los que puedan cortarse.

– Mantener fuera del alcance de los niños sustancias peligrosas y tóxicas, tales como medicamentos o productos de limpieza.

– Instalar protectores en las esquinas de los muebles con los que puedan chocar. 

– Protegerlos de caídas poniendo mallas de seguridad en las escaleras, ventanas y balcones. En caso de tener una piscina, también es recomendable cercarla con una malla de protección.

– Para evitar ahogamientos, no dejar jugar al niño con piezas pequeñas.

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Otros riesgos y situaciones que llegan con la edad

De los cuatro a los seis años son niños grandes capaces de dominar todos los campos, tanto el del lenguaje como el psicomotor y el cognitivo. Pueden saltar, trepar, correr y bailar con facilidad. Así mismo, expresan pensamientos y perfeccionan sus dibujos, además de buscar a los demás niños porque les encanta el juego colectivo.

A los siete años comienzan a ser más independientes y autónomos, logrando mantener conversaciones más largas con los adultos, por lo que es una excelente etapa para motivarlos a que asuman mayores responsabilidades.

Para estas edades es recomendable que los niños pasen la mayor parte del tiempo vigilados o en compañía de un adulto, así como evitar que entren a la cocina y que manipulen objetos cortopunzantes. Igualmente, sigue siendo imprescindible tener mallas de protección en ventanas, balcones, escaleras o vacíos.

A los nueve años los niños son más aventureros e independientes, por lo que descubren nuevos gustos y actividades que quieren intentar. Aunque se vean como personas muy autónomas, siguen siendo infantes, por lo que necesitan del cuidado y dedicación de sus padres.

Ya para cuando tienen diez años la mayoría de los niños han desarrollado el control de los músculos grandes y pequeños. Disfrutan de actividades como el básquetbol, la danza y el fútbol. También han mejorado la resistencia, por lo que muchos pueden correr, montar en bicicleta y disfrutar actividades que requieren un nivel de acondicionamiento físico, al tiempo que continúan mejorando sus habilidades motoras finas.

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La etapa entre los once y quince años suele ser llamada adolescencia temprana. Estos años son un periodo de cambios diversos y rápidos. Crecen en estatura y se vuelven más fuertes, mientras comienzan a sentir y a pensar con más madurez. Este puede ser un tiempo de confusión, tanto en los niños como en los padres, pues todos deben acostumbrarse a la nueva persona en la que se está convirtiendo el niño.

Finalmente, en estas edades ya son personas más independientes y conscientes de los peligros que se pueden encontrar, por lo que es bueno hablarles claramente y hacerles recomendaciones de seguridad sobre objetos peligrosos como cuchillos, tijeras o medicamentos, pero también es clave que tengan un cuidado constante (no invasivo) por parte de los adultos en el hogar.

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